Iniciativa para promover la reforestación y revegetación en la costa mediterránea ibérica

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Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación

Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

Disponible aquí

La Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación (ENLD) es el documento elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) que establece la hoja de ruta de España para prevenir, reducir y revertir la degradación de las tierras causada por la desertificación.

La actualización aprobada mediante la Orden por la que se actualiza la ENLD y se aprueba su Plan de Implementación 2025-2027 adapta la estrategia a los nuevos retos derivados del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la escasez de agua, además de dar cumplimiento a la Ley de Montes y a los compromisos internacionales asumidos por España, especialmente la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).

¿Qué es la desertificación?

La desertificación no significa que un territorio se convierta en un desierto, sino que el suelo pierde progresivamente su capacidad para mantener la vegetación, producir alimentos y prestar servicios ecosistémicos debido a factores como:

  • La sequía.
  • El cambio climático.
  • La erosión del suelo.
  • Los incendios forestales.
  • La sobreexplotación agrícola y ganadera.
  • La mala gestión del agua.
  • La urbanización y otros cambios de uso del suelo.

España es uno de los países europeos con mayor riesgo de desertificación, especialmente en las regiones mediterráneas.

Objetivos principales de la estrategia

La ENLD persigue varios objetivos estratégicos:

  • Prevenir la degradación del suelo antes de que sea irreversible.
  • Restaurar terrenos degradados mediante actuaciones de recuperación ambiental.
  • Mejorar la gestión sostenible del agua, los bosques y los sistemas agrarios.
  • Incrementar la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático.
  • Integrar la lucha contra la desertificación en las políticas agrícolas, forestales, hidrológicas y de ordenación del territorio.
  • Mejorar el conocimiento científico y los sistemas de seguimiento del estado del suelo.

¿Qué incluye el Plan de Implementación 2025-2027?

El Plan de Implementación concreta las actuaciones previstas para los primeros años de aplicación de la estrategia. Entre ellas destacan:

  • Restauración de suelos degradados y zonas afectadas por incendios.
  • Proyectos de restauración hidrológico-forestal.
  • Conservación de la cubierta vegetal para reducir la erosión.
  • Mejora de la gestión forestal preventiva frente a incendios.
  • Promoción de prácticas agrícolas sostenibles y regenerativas.
  • Protección de humedales y acuíferos.
  • Desarrollo de indicadores para evaluar la degradación del suelo.
  • Coordinación entre administraciones públicas, centros de investigación y sectores productivos.

Relación con el cambio climático

La estrategia considera que la desertificación y el cambio climático se retroalimentan.

Por un lado, el aumento de temperaturas y la reducción de precipitaciones aceleran la degradación del suelo. Por otro, los suelos degradados almacenan menos carbono, reducen la infiltración del agua y son más vulnerables a incendios, inundaciones y sequías.

Por ello, muchas de las medidas propuestas también contribuyen a la adaptación y mitigación del cambio climático.

Importancia para España

La estrategia tiene especial relevancia porque alrededor de tres cuartas partes del territorio español presentan algún grado de susceptibilidad a la desertificación, especialmente en el arco mediterráneo y el sureste peninsular.

Su aplicación pretende proteger recursos esenciales como:

  • Los suelos agrícolas.
  • Los montes y espacios forestales.
  • La biodiversidad.
  • Los recursos hídricos.
  • La productividad de los ecosistemas.
  • Las comunidades rurales.

En definitiva, la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación constituye el principal marco de actuación de España para conservar la calidad de los suelos, restaurar los ecosistemas degradados y reducir los impactos del cambio climático mediante una gestión más sostenible del territorio.