Un proyecto impulsado en Valencia estudia cómo la restauración del bosque mediterráneo y la plantación de árboles micorrizados con trufa pueden favorecer un ciclo del agua más equilibrado y reducir el riesgo de fenómenos extremos
Hace dos décadas, la plantación de encinas inoculadas con trufa comenzó a extenderse en diferentes zonas del interior de la Comunidad Valenciana y Aragón como una alternativa rentable para revitalizar el medio rural. Lo que entonces nació como una oportunidad económica para los agricultores se ha convertido hoy en una línea de investigación que podría contribuir a mitigar algunos de los efectos del cambio climático y reducir el impacto de las lluvias torrenciales.
La vegetación como reguladora del ciclo del agua
Diversos estudios han demostrado que la pérdida de masa forestal y la degradación del suelo han alterado el ciclo natural del agua en la cuenca mediterránea. La sustitución de bosques por cultivos y el abandono de la cubierta vegetal han favorecido la erosión del terreno y han reducido la capacidad del paisaje para retener humedad y generar precipitaciones más regulares.
Según los investigadores del Basque Centre for Climate Change (BC3), aumentar la superficie forestal favorece la evapotranspiración, un proceso mediante el cual los árboles liberan vapor de agua a la atmósfera. Este fenómeno contribuye a mantener un ciclo hídrico más estable y puede favorecer precipitaciones distribuidas de forma más uniforme, reduciendo la intensidad de las tormentas extremas.
El valle del Palancia como laboratorio natural
Esta hipótesis se está desarrollando en el valle del río Palancia, al norte de Valencia, dentro de un proyecto impulsado por el BC3, la TBA21-Academy y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. La iniciativa combina investigación científica, restauración ambiental y participación social para analizar cómo la recuperación del paisaje mediterráneo puede contribuir a mejorar la resiliencia del territorio frente al cambio climático.
Los investigadores estudian la evolución de un entorno donde desde hace años se han establecido plantaciones de árboles micorrizados con trufa, una práctica que además de generar un importante valor económico puede favorecer la recuperación de la cubierta vegetal en áreas rurales afectadas por la despoblación.
Los llamados jardines de nubes
Uno de los conceptos centrales del proyecto es el desarrollo de los denominados «jardines de nubes», una estrategia basada en recuperar vegetación, modificar determinados usos del suelo y mejorar la planificación del paisaje para favorecer un ciclo hidrológico más equilibrado.
La propuesta parte de la idea de que un territorio con mayor cobertura vegetal transpira más agua hacia la atmósfera, ayudando a formar nubes y favoreciendo precipitaciones menos intensas y más repartidas a lo largo del tiempo. Además, las raíces estabilizan el suelo mientras que la materia orgánica actúa como una esponja capaz de absorber parte del agua durante episodios de lluvia intensa, reduciendo la escorrentía y el riesgo de erosión.
La trufa aporta un incentivo económico
Los responsables del proyecto subrayan que no es necesario plantar árboles inoculados con trufa para obtener estos beneficios ambientales, ya que cualquier recuperación de la vegetación contribuye a restaurar el ciclo natural del agua. Sin embargo, la producción de trufa añade un importante incentivo económico que puede favorecer que agricultores y propietarios forestales apuesten por este tipo de plantaciones.
La micorrización consiste en establecer una relación simbiótica entre el hongo y las raíces del árbol. Gracias a este proceso, el hongo mejora la absorción de agua y nutrientes por parte de la planta, mientras recibe de ella los azúcares necesarios para su desarrollo. Esta relación permite obtener un producto de alto valor comercial al tiempo que favorece la restauración del paisaje.
Un videojuego para planificar el territorio
Como parte del proyecto, los investigadores han desarrollado una plataforma digital interactiva inspirada en la estética de Minecraft que permite simular distintos escenarios ambientales y analizar cómo las decisiones sobre el uso del suelo afectan al conjunto de la cuenca hidrográfica.
La herramienta pretende facilitar la colaboración entre administraciones, agricultores, regantes, entidades conservacionistas y ciudadanía mediante una representación visual que ayude a comprender la relación entre el paisaje, el agua y el clima, facilitando la toma de decisiones compartidas.
Restauración ecológica y adaptación climática
Los investigadores consideran que recuperar el bosque mediterráneo no solo permite proteger el suelo frente a la erosión y favorecer la infiltración del agua, sino también aumentar la resiliencia del territorio frente a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes.
Aunque plantar árboles por sí solo no evitará una dana, los responsables del proyecto sostienen que una gestión adecuada del paisaje puede contribuir a estabilizar el ciclo hídrico, disminuir la vulnerabilidad del territorio y generar nuevas oportunidades económicas para las zonas rurales mediante actividades como la producción de trufa.
Fuente
Ruiz Guevara, P. (2026, 3 de julio). Árboles inyectados con trufa: así dieron por casualidad con un remedio contra las tormentas de verano más destructivas. El Confidencial. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2026-07-03/arboles-trufa-valencia-proyecto-evitar-tormentas-verano-dana-atraer-lluvia_4382488/


