Uzbekistán está revegetando el antiguo lecho del mar de Aral con más de 1,7 millones de hectáreas de nuevas masas vegetales. El saxaul es la especie principal de un proyecto que busca frenar la desertificación, estabilizar los suelos salinos y reducir las tormentas de polvo contaminado
Uzbekistán está transformando parte del antiguo lecho del mar de Aral mediante una de las mayores iniciativas de revegetación de Asia Central. La plantación de saxaul* y otras especies resistentes busca frenar la desertificación, reducir las tormentas de polvo contaminado y recuperar progresivamente un ecosistema gravemente degradado.
Un bosque sobre un antiguo mar
Hace apenas medio siglo, el mar de Aral era el cuarto lago más grande del mundo. Sin embargo, la desviación de los ríos Amu Daria y Sir Daria durante la época soviética para abastecer los cultivos de algodón provocó una reducción drástica de su superficie.
En aproximadamente cuatro décadas, el lago perdió el 90 % de su volumen de agua. Su desaparición dejó más de 5,5 millones de hectáreas de sedimentos salinos expuestos al viento, cargados de pesticidas, fertilizantes, herbicidas y metales pesados.
Estas partículas son transportadas por las tormentas de polvo hacia zonas habitadas de Uzbekistán, Kazajistán y otras regiones de Asia. Además de contribuir a la degradación ambiental, el polvo contaminado representa un problema para la salud de las poblaciones cercanas.
El saxaul como herramienta contra la desertificación
Para estabilizar este terreno extremo, Uzbekistán ha apostado principalmente por el saxaul, un árbol arbustivo capaz de alcanzar entre 3 y 8 metros de altura y adaptado a condiciones de elevada salinidad y temperaturas que pueden oscilar entre -40 y 50 °C.
Su sistema radicular profundo permite fijar el suelo, conservar la humedad y limitar la erosión provocada por el viento. Desde 2018 se han plantado más de 100 millones de ejemplares de saxaul y otras especies resistentes, según los datos oficiales recogidos por investigadores del proyecto.
La superficie revegetada supera actualmente los 1,7 millones de hectáreas, una extensión que puede observarse mediante imágenes obtenidas desde satélites.
Plantación manual y desde el aire
La elevada salinidad del antiguo lecho del Aral dificulta enormemente la recuperación vegetal. En algunas zonas, las concentraciones de sal llegan a ser hasta diez veces superiores a las toleradas por muchos cultivos convencionales.
Para cubrir grandes superficies, las autoridades combinan la plantación manual con la siembra aérea de semillas. También se utilizan barreras de paja y ramas secas para proteger las semillas frente al viento, mientras que en determinadas zonas se aprovechan los recursos de agua subterránea disponibles para proporcionar humedad durante las primeras semanas de crecimiento.
Los satélites permiten seguir la recuperación
Las imágenes de Landsat y Sentinel están permitiendo analizar la evolución de la cubierta vegetal. Los índices de vegetación muestran un aumento sostenido de la superficie cubierta durante la última década.
En las zonas donde se ha intervenido, la vegetación ha pasado de niveles prácticamente inexistentes a valores similares a los de estepas semiáridas funcionales. Además, los estudios atmosféricos realizados entre 2010 y 2023 señalan una reducción de la frecuencia e intensidad de las tormentas de polvo tóxico procedentes de las áreas revegetadas.
Sin embargo, el proceso no ha avanzado al mismo ritmo en la parte kazaja del antiguo mar de Aral, por lo que las tormentas de polvo todavía no han desaparecido.
Un proyecto condicionado por el agua y el clima
El cambio climático supone uno de los principales obstáculos para la recuperación del ecosistema. El aumento de las sequías en Asia Central está reduciendo la disponibilidad de agua necesaria para que las plantas sobrevivan durante sus primeras etapas.
En los veranos más extremos, la mortalidad de los árboles jóvenes puede superar el 30 % en algunas parcelas, haciendo necesarias nuevas plantaciones. A ello se suman las tensiones entre los países de la región por el uso de los ríos Amu Daria y Sir Daria.
El proyecto pretende ir más allá de la recuperación ambiental. La revegetación puede contribuir a reducir las tormentas de polvo, mejorar las condiciones de vida de las poblaciones próximas al antiguo litoral y disminuir los daños provocados por la abrasión de partículas sobre los cultivos.
El saxaul necesita entre 10 y 15 años para alcanzar su tamaño adulto y desarrollar plenamente su función como fijador del suelo. Por ello, los resultados definitivos de las plantaciones realizadas desde 2018 todavía tardarán años en hacerse visibles. Los investigadores estiman que, si se mantiene el ritmo de plantación y la supervivencia de los árboles, entre el 40 % y el 60 % del antiguo lecho uzbeko del Aral podría quedar estabilizado antes de 2040.
Más información en Vozpopuli
* La especie principal utilizada para la reforestación del lecho seco del mar de Aral en Uzbekistán es el saxaul negro (Haloxylon aphyllum, frecuentemente clasificado también bajo la especie general Haloxylon ammodendron).
En los proyectos de reforestación del desierto de Aralkum se emplean dos especies del género Haloxylon:
- Saxaul negro (Haloxylon aphyllum / Haloxylon ammodendron): Es la especie estrella empleada masivamente en las zonas más salinas y arcillosas. Posee un sistema radicular profundo capaz de fijar las dunas, tolerar concentraciones extremas de sal y frenar las tormentas de arena tóxica.
- Saxaul blanco (Haloxylon persicum): Utilizado en menor medida, principalmente en zonas con suelos más arenosos.
Estas plantas arbustivas son capaces de retener entre 2 y 4 toneladas de arena en movimiento a lo largo de su vida por cada ejemplar.

