Tres soluciones contra los incendios forestales en España
Wim Cambien, Presidente y patrono fundador de la Fundación Desert Leaves, propone, en Novedades de agosto (2026), tres soluciones para evitar los incendios forestales. Además, de las propuestas, incluye una Guía para ayudar a identificar propietarios de terrenos rústicos abandonados, una tarea que puede resultar difícil aún para la administración. La Guía está disponible en la página web de Desert Leaves.
Un año más, los incendios forestales vuelven a situar a España y a otros países del Mediterráneo en los titulares de la prensa mundial. Las imágenes de devastación, las historias de quienes sufren sus consecuencias y los relatos de actuaciones heroicas ocupan nuestras pantallas, mientras las redes sociales se llenan de opiniones sobre sus causas y responsables. En cambio, las propuestas para prevenir y mitigar futuros incendios son mucho más escasas, sin duda porque no caben en un eslogan y exigen un enfoque integral.
Desde Desert Leaves queremos compartir nuestra visión al respecto, e invitar a los distintos actores implicados a hacer un examen de conciencia.
Causas del aumento de los incendios forestales
El incremento de los grandes incendios forestales tiene varias causas principales:
- En primer lugar, el Mediterráneo cuenta hoy con mucha más masa forestal y mayor continuidad de vegetación que hace unas décadas, como resultado del abandono agrícola y la falta de gestión.
- En segundo lugar, el cambio climático genera condiciones favorables para el fuego durante más días al año, en más lugares y de forma más extrema que antes.
La ignición y la propagación del fuego se ven afectados en este contexto y el resultado es el escenario que estamos experimentando.
Necesidad de adaptación al cambio climático
El cambio climático tiene causas antropogénicas, y frenarlo es responsabilidad de toda la humanidad, dados los problemas y daños inmensos que genera. Pero al tratarse de un problema planetario que muchos siguen ignorando o incluso negando, no queda más remedio que adaptarnos también al calentamiento global, que está siendo especialmente severo en el Mediterráneo.
Esa adaptación pasa por una gestión forestal más consciente.
Un sistema forestal mediterráneo funcional es biodiverso, con una densidad moderada de árboles y organizado en un paisaje en mosaico que combina bosque, campos de cultivo y pastos.
Este mosaico rompe la continuidad del combustible: interrumpe la propagación del fuego y facilita su extinción, además de mantener una menor carga de biomasa por reducir la competencia entre árboles. Es también la mejor garantía de reducir el tamaño de los incendios y conservar los servicios que nos dan los bosques: infiltración de agua y mitigación de inundaciones, bienestar de quienes los visitan y absorción de CO2.
Hasta aquí hay bastante consenso. La parte difícil es el cómo.
Tres propuestas de adaptacion al cambio climático para reducir los incendios
Abogamos por una doctrina basada en tres principios clave: colaboración, responsabilización y reducción de burocracia.
1. Colaboración
Alrededor del 70% de la masa forestal en España está en manos privadas, y muy atomizada (Cuarto Inventario Forestal Nacional, MAPA). En muchos casos los propietarios son varios miembros de una misma familia, herederos de pequeñas parcelas antiguamente cultivadas y hoy abandonadas y cubiertas de pinos. Su gestión eficaz no resulta viable, ni económica ni prácticamente, para propietarios individuales.
Cada vez surgen más iniciativas para ceder la gestión de terrenos de muchos propietarios a una única asociación local. Estas asociaciones sí alcanzan la masa crítica necesaria para hacer rentable una gestión profesional de campos y bosques, incluida la gestión administrativa de permisos y ayudas.
Los resultados son alentadores: no solo se recupera cierta rentabilidad económica de las tierras, sino que además se protege a los núcleos poblados frente a los incendios gracias al “anillo de campos en cultivo” que se genera a su alrededor.
Estas asociaciones juegan un papel clave en la creación de un paisaje mosaico, en muchas ocasiones gestionan rebaños que controlan la vegetación herbácea, y generan empleo local en zonas rurales.
Este modelo funciona, y las administraciones locales y regionales deben fomentarlo, organizando reuniones de propietarios y proporcionando incentivos económicos para la creación y gestión de este tipo de asociaciones.
2. Responsabilización
Nuestra sociedad se rige por el respeto a la propiedad privada, vinculado a la exigencia de responsabilidad por parte del propietario.
Así ocurre con la vivienda, sujeta a inspección técnica periódica; con los vehículos, que requieren seguro e inspección técnica; y con los campos agrícolas, sujetos a un registro de explotación. Sin embargo, al propietario de un terreno arbolado no se le exige nada: en la mayoría de los pueblos ni siquiera paga IBI.
Esto ha fomentado una actitud de indiferencia e inmovilismo en muchos propietarios, que conduce al abandono de sus parcelas. Es imprescindible redinamizar el conjunto de los terrenos rústicos. Por un lado, se debe instaurar un sistema de incentivos económicos para los propietarios que gestionan sus terrenos y proporcionan servicios ecosistémicos de los que todos nos beneficiamos. Esta idea ya forma parte del nuevo proyecto de ley forestal de La Comunidad Valenciana.
Por otro lado, los municipios también tienen una herramienta a su alcance: el IBI. Dentro del marco competencial de cada ayuntamiento, es factible imponer este impuesto sobre bienes inmuebles rústicos y, al mismo tiempo, conceder una bonificación total a los propietarios que acrediten un Plan Técnico de Gestión Forestal vigente y en ejecución.
Quien no quiera o no pueda ocuparse de la gestión de su parcela tendría entonces tres opciones: ceder la gestión a una entidad que la asuma, pagar el impuesto, o vender la parcela.
La principal barrera con la que se topan las administraciones municipales es que desconocen la identidad de muchos propietarios, porque las transmisiones nunca se registraron. En la web de Desert Leaves está disponible una guía para ayuntamientos que indica cómo identificar a los propietarios en su término.
3. Reducción de burocracia
Imaginemos que, para cualquier intervención o tratamiento a un paciente, un médico tuviera que solicitar primero la aprobación del Ministerio de Sanidad, que revisara su propuesta y emitiera un informe favorable o desfavorable. Causaría retrasos enormes, un gasto innecesario en revisores, y reflejaría una desconfianza injustificada hacia los profesionales.
Pues, por sorprendente que parezca, algo parecido ocurre en España con la gestión forestal. Un ingeniero de montes no puede dar por bueno un plan de gestión ni una memoria sin solicitar antes la aprobación de la autoridad competente de la comunidad autónoma: cada trabajo queda sujeto a la revisión de la administración. El resultado es un retraso considerable en las actuaciones forestales, y una carga de trabajo redundante para la propia administración.
En un escenario en el que se redinamicen los terrenos forestales y aumenten los planes de gestión y las solicitudes de ayuda, este modelo de trabajo resulta insostenible.
Abogamos por depositar mayor confianza en la capacidad de los ingenieros forestales, acreditando los que estén preparados para dirigir actuaciones sin control de las administraciones, y en su caso retirando la acreditación cuando se constaten deficiencias en la calidad de trabajo. Así la administración podrá reorientar sus recursos a:
- Informar y formar a propietarios forestales, ingenieros forestales y de montes, y a ayuntamientos sobre la regulación vigente en materias forestales;
- Controlar y en su caso avisar y/o sancionar cuando no se cumpla esta regulación;
- Dar difusión a las medidas preventivas y fomentar planes de vigilancia;
- Controlar la correcta ejecución de los Planes Técnicos de Gestión Forestal.
Si todo sigue igual, los incendios forestales solo aumentarán en frecuencia, tamaño y distribución. Colaborar, responsabilizar y reducir la burocracia, en cambio, es la forma de apostar por un territorio mejor preparado para el próximo incendio. La elección está en nuestras manos: elijamos lo segundo.

