Iniciativa para promover la reforestación y revegetación en la costa mediterránea ibérica

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La recuperación de la meseta de Loess demuestra que la restauración ecológica, la reforestación y la agricultura regenerativa pueden devolver la fertilidad a suelos degradados y mejorar la seguridad hídrica y alimentaria

 

La conservación del suelo se ha convertido en una de las principales prioridades para garantizar la producción de alimentos, proteger los recursos hídricos y aumentar la resiliencia frente al cambio climático. Uno de los ejemplos más destacados de recuperación ambiental es el de la meseta de Loess, en China, considerada a finales del siglo XX una de las regiones más erosionadas del planeta.

Este territorio, que supera los 640.000 kilómetros cuadrados y alberga a unos 100 millones de habitantes, sufrió durante décadas una intensa degradación provocada por la deforestación, el sobrepastoreo y el cultivo continuado en laderas. La pérdida de vegetación dejó el suelo expuesto a la erosión, favoreciendo el arrastre de grandes cantidades de sedimentos hacia el río Amarillo y reduciendo drásticamente la fertilidad del terreno.

Con el objetivo de revertir esta situación, el Gobierno chino puso en marcha en 1999 el programa Grain to Green, con el respaldo del Banco Mundial. La iniciativa impulsó la reforestación, la recuperación de pastizales y la transformación de tierras agrícolas degradadas en ecosistemas más estables, convirtiéndose en uno de los mayores proyectos de restauración de suelos desarrollados hasta la fecha.

Los resultados fueron significativos. En pocos años se restauraron miles de kilómetros cuadrados de superficie, incrementando la cobertura vegetal en un 25 % y mejorando la capacidad del suelo para retener agua, reducir la erosión y recuperar su productividad agrícola.

El estudio destaca que la restauración del suelo no depende de una única actuación, sino de la combinación de distintas prácticas de manejo sostenible. Entre ellas figuran la reforestación, la agricultura regenerativa, la implantación de terrazas, las zanjas de infiltración, las cubiertas vegetales, la rotación de cultivos y el uso de compost para mejorar la fertilidad.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un solo gramo de suelo sano puede albergar hasta 10.000 especies de microorganismos y almacenar entre tres y cinco veces más agua que un suelo degradado, contribuyendo tanto a la producción agrícola como a la regulación del ciclo hidrológico.

El artículo también recoge otros ejemplos internacionales de recuperación del suelo. En Brasil, el programa Agricultura de Baixo Carbono promueve la rehabilitación de pastizales degradados y la integración de cultivos, ganadería y árboles. En África, la iniciativa de la Gran Muralla Verde busca restaurar 100 millones de hectáreas afectadas por la desertificación mediante reforestación y gestión sostenible del territorio.

La conservación del suelo también adquiere protagonismo en el entorno urbano. Ciudades como Melbourne, Portland y Singapur incorporan pavimentos permeables, infraestructuras verdes y sistemas de biofiltración para mejorar la infiltración del agua, reducir las inundaciones y recuperar las funciones ecológicas del suelo.

Los expertos coinciden en que proteger y restaurar este recurso resulta imprescindible para garantizar la seguridad alimentaria, conservar la biodiversidad y afrontar con mayores garantías los efectos del cambio climático.

Fuente

Menéndez, Y. G. (2026). ¿Cómo pudo una de las regiones más erosionadas del planeta recuperar la vida en su suelo? Sostenibilidad.com. Basado en información de la FAO, el Banco Mundial, Nature Climate Change y The Guardian.


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manos con una planta