Iniciativa para promover la reforestación y revegetación en la costa mediterránea ibérica

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Eduardo Rojas Briales analiza la evolución de los incendios forestales en España y señala que la prevención debe ir más allá de la extinción. La gestión activa de los montes, la recuperación de la actividad agroganadera y el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales son claves para reducir la vulnerabilidad del territorio

Los grandes incendios forestales registrados en España durante los últimos años reflejan un problema que va más allá de la capacidad de extinción. Así lo señala Eduardo Rojas Briales, profesor de Ciencia e Ingeniería Forestal de la Universitat Politècnica de València, en un artículo publicado originalmente en The Conversation, en el que analiza la evolución de los incendios en España y las causas que han contribuido a la situación actual.

Rojas Briales destaca que España ha experimentado una importante recuperación de su superficie forestal durante el último siglo. En 1930 el país contaba con alrededor de ocho millones de hectáreas de bosque, equivalentes al 16 % de su superficie, mientras que actualmente alcanza los 19,1 millones de hectáreas, cerca del 38 %. Este crecimiento se debe no solo a las repoblaciones, sino también a la recuperación natural de los bosques y a su expansión, especialmente en las zonas de montaña.

El problema de los incendios, por tanto, no es nuevo. España desarrolló sistemas específicos de prevención y extinción desde hace décadas, mientras que las comunidades autónomas fueron incorporando progresivamente medios aéreos, sistemas de observación meteorológica y herramientas para determinar el origen de los fuegos. Estas actuaciones contribuyeron a reducir tanto el número de incendios como la superficie afectada respecto a décadas anteriores.

Del abandono rural a los grandes incendios

El autor relaciona parte de la evolución de los incendios con la profunda transformación social y territorial experimentada por España durante la segunda mitad del siglo XX. El paso de una sociedad principalmente rural a otra mayoritariamente urbana provocó una pérdida progresiva de actividad en amplias zonas del territorio y una menor gestión de los espacios forestales.

Durante la Transición, los incendios aumentaron especialmente en Galicia y en la costa mediterránea. Posteriormente, la mejora de los medios de extinción permitió contener numerosos fuegos durante sus primeras fases. Sin embargo, Rojas Briales advierte de que una estrategia basada principalmente en apagar los incendios puede tener un recorrido limitado si no se actúa también sobre el estado de los montes.

La reducción de la superficie quemada no implica necesariamente que haya desaparecido el riesgo. Cuando se acumula vegetación y combustible fino en el monte, los incendios que no consiguen controlarse en sus primeras fases pueden evolucionar hacia grandes incendios capaces de compensar en pocos episodios la superficie que se había conseguido proteger durante años.

Prevención y gestión activa del territorio

Para Rojas Briales, el cambio climático y la elevada cantidad de combustible disponible en los montes están generando condiciones cada vez más favorables para la propagación del fuego. Por ello, considera necesario combinar las políticas de adaptación al cambio climático con una gestión más activa de los espacios forestales.

En este contexto, recuperar determinadas actividades agrícolas y ganaderas extensivas en las zonas de montaña puede contribuir a reducir la continuidad de la vegetación y, al mismo tiempo, ayudar a combatir la despoblación rural. El mantenimiento de cultivos y áreas de pastoreo puede generar espacios que dificulten la propagación del fuego y conectar la prevención de incendios con la recuperación de la actividad económica en el medio rural.

El aprovechamiento de los recursos forestales constituye otra de las vías planteadas por el autor. La utilización de madera, corcho, resina y biomasa permitiría incrementar el valor económico de los montes y reforzar la bioeconomía. Rojas Briales señala además que una mayor utilización de estos recursos podría contribuir a una transición energética más diversificada y favorecer actividades como la construcción con madera.

El análisis pone así el foco en la necesidad de abordar los incendios forestales desde una perspectiva territorial. La prevención, la gestión de la vegetación, el mantenimiento de actividades agroganaderas y el aprovechamiento sostenible de los recursos forestales pueden complementar los sistemas de extinción y contribuir a reducir la vulnerabilidad del territorio frente a los grandes incendios.

Fuente

Rojas Briales, E. (2026). ¿Cómo hemos llegado a esta situación con los incendios forestales en España? Echamos la vista atrás para buscar las causas. The Conversation.