Roberto Pizarro Tapia, Claudia Sangüesa Pool y Pablo García-Chevesich analizan el papel de las plantaciones forestales en Chile y defienden su posible utilización en terrenos degradados. Los autores destacan su contribución a la conservación del suelo, la producción de madera y la restauración ambiental, aunque reconocen riesgos relacionados con incendios y biodiversidad
Las plantaciones forestales pueden desempeñar un papel relevante en la recuperación de suelos degradados y en el desarrollo de una economía basada en la madera. Esta es la tesis que defienden Roberto Pizarro Tapia, profesor titular de la Universidad de Chile y la Universidad de Talca, Claudia Sangüesa Pool, investigadora de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Talca, y Pablo García-Chevesich, académico de Colorado School of Mines, en una columna publicada en BioBioChile.
Los autores recuerdan que Chile sufrió durante más de un siglo una intensa pérdida de superficie forestal debido a la expansión agrícola, la ganadería y la extracción de madera. Según explican, este proceso provocó una importante degradación de los suelos y favoreció la erosión en zonas de elevada pendiente. En este contexto surgieron las primeras políticas de forestación con especies como el pino radiata y el eucalipto, que posteriormente dieron lugar al desarrollo de un sector forestal de relevancia económica para el país.
Plantaciones y conservación del suelo
La columna cuestiona algunas de las críticas habituales dirigidas a las plantaciones forestales, especialmente las relacionadas con la pérdida de suelo y el consumo de agua. Los autores sostienen que la cobertura vegetal puede reducir el impacto de la lluvia sobre el terreno, favorecer la infiltración y contribuir a la conservación del suelo y de los recursos hídricos.
En las zonas mediterráneas, señalan que las precipitaciones se concentran principalmente durante el invierno, mientras que el consumo de agua de la vegetación aumenta durante el periodo seco. Desde esta perspectiva, consideran que el complejo formado por suelo y vegetación puede contribuir a la recarga de los acuíferos y a mantener las reservas hídricas subterráneas.
Los autores también cuestionan que las plantaciones de pino sean necesariamente responsables de una mayor erosión. Como ejemplo, citan investigaciones realizadas en la cuenca del Purapel, en la región del Maule, donde la forestación habría contribuido a una mayor estabilidad de los cauces y a una reducción de la emisión de sedimentos aguas abajo.
Respecto a la acidificación del suelo, la columna matiza que la acidez no constituye por sí misma un indicador de degradación. Aunque reconocen que las acículas del pino pueden generar una mayor acidez en la hojarasca respecto a la de algunos bosques nativos, defienden que la incorporación de materia orgánica puede resultar beneficiosa en terrenos con un elevado grado de degradación.
Una oportunidad para los terrenos degradados
La propuesta de los autores no plantea las plantaciones como una solución sin inconvenientes. Reconocen que los monocultivos forestales pueden generar grandes superficies continuas de combustible, aumentando el riesgo asociado a los incendios, y que su expansión territorial puede limitar la diversidad de hábitats y la expresión de la biodiversidad.
Sin embargo, consideran que las plantaciones podrían utilizarse estratégicamente en terrenos que ya presentan un elevado grado de degradación ambiental. Según los autores, Chile dispone de más de dos millones de hectáreas degradadas que podrían destinarse a plantaciones productivas, siempre que se evite sustituir bosques nativos por cultivos forestales.
La utilización de madera constituye otra de las oportunidades que destacan. Los autores defienden que el empleo de este material en la construcción podría contribuir a acelerar la edificación de viviendas y reducir parte del déficit habitacional del país. También señalan su potencial para almacenar carbono y plantean que la industria maderera puede favorecer modelos de economía circular mediante el aprovechamiento de subproductos, como los residuos procedentes del aserrado.
Una gestión basada en mosaicos
La columna apuesta por una planificación forestal que tenga en cuenta los diferentes usos y riesgos del territorio. Entre sus propuestas figura la creación de mosaicos forestales capaces de reducir la continuidad de la vegetación y, con ello, limitar determinados impactos asociados a los incendios.
Desde esta perspectiva, la forestación de terrenos degradados podría combinar objetivos productivos y ambientales, contribuyendo a la recuperación progresiva de la relación entre suelo y vegetación y reduciendo el transporte de sedimentos desde las zonas altas hacia los cauces.
El planteamiento de Pizarro Tapia, Sangüesa Pool y García-Chevesich defiende así que el debate sobre las plantaciones forestales debe tener en cuenta tanto sus impactos como sus posibles funciones en territorios degradados. Para los autores, una gestión adecuada y una planificación basada en mosaicos pueden convertir parte de estas superficies en un recurso para la restauración ambiental, la producción de madera y el desarrollo económico rural.
Fuente
Pizarro Tapia, R., Sangüesa Pool, C., & García-Chevesich, P. (2026). Las plantaciones forestales no son tan malas y pueden ser una oportunidad para Chile. BioBioChile.

